Fragmentos de indumentaria litúrgica bordado

Actualizado 15/04/2011 09:03

museo de pontevedra

       

Con motivo de la proximidad de la Semana Santa, hemos considerado interesante traer a esta sección un fragmento de bordado en realce, que sin dudad formaba parte de una pieza de indumentaria litúrgica.

Para la realización del bordado se emplearon torzales e hilos metálicos plata y oro, lentejuelas metálicas doradas, hilo de seda roja, hilo de terciopelo verde, terciopelo marrón y cuentas de cristal negro, todo ello aplicado sobre cro de color rojo con refuerzo de lienzo y forro de moaré negro.

Ya que únicamente conservamos este fragmento, desconocemos el discurso iconográfico completo de dicha pieza, pero su relación con la Eucaristía, la Pasión y Resurección de Cristo es más que evidente, dado que la simbología empleada en el bordado está presente en la iconografía cristiana desde la Edad Media.

En el centro de la pieza, un pelícano, colocado bajo una cruz, alimenta a tres pequeñas crías en su nido. A la derecha, una corona de espinas y a la izquerda una serpiente que se muerde la cola. Tanto en el interior de la cruz como en los centros de la corona y la serpiente, una rosa completa el conjunto. Todos estos símbolos, que a continuación analizaremos, encierran un mensaje para los Cristianos: Cristo se ofrece voluntariamente en sacrificio y su sangre vertida redime, o lo que es lo mismo, proporciona a los que la reciben la salvación, la vida después de la muerte.

Vayamos paso a paso:

       

El pelícano.- En los bestiarios medievales se narraba, con pequeñas variaciones en el relato, cómo las crías de los pelícanos picoteaban a sus progenitores y éstos, viendose acosados, los mataban. Transcurridos tres días, la madre, arrepentida, se golpeaba una y otra vez el pecho con el pico hasta hacer brotar su sangre, alimentando con ella a los polluelos que, gracias a este sacrificio, resucitaban. El paralelismo que los cristianos establecieron desde el primer momento con esta historia es claro. Cristo, aún siendo rechazado por los hombres, se da en un sacrificio anunciado ya por él mismo durante la institución de la Eucaristía en el trascurso de la Última Cena para redimirlos de sus pecados.

Esta es mi sangre, la sangre de la alianza, que se derrama por todos para el perdón de los pecados.Mateo 26, 26-28. (...) el que come mi carne y bebe mi sangre, vive de vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Juan 6, 48-60.

Además, el nido se podía entender como la Iglesia, tal y como hace Calderón de la Barca “Aquel Alcazar/ de la Iglesia (…)/ será nido/ del ave, que el pecho hiere/ para sustentar sus hijos /con la sangre que dél vierte”.

       

El ouroboro, la serpiente que se muerde la cola.- es un símbolo ancestral. Simboliza el tiempo, la rueda de la vida y en general el continuo renacimiento. Para renacer, antes hay que morir, por eso se muerde a si misma. Cristo muere para posteriormente resucitar. Al tiempo, su sangre es redentora para los hombres, idea reiterada con la colocación de la rosa en el interior del círculo que forma, ya que la rosa roja fue tenida como símbolo de la sangre del martirio.

La corona de espinas.- representa la Pasión de Cristo al que colocaron, como “rey de los judíos”, a modo de burla, una corona de espinas. Nuevamente aquí aparece en su centro una rosa/sangre.

Por último, el color de la tela que soporta el bordado, el rojo, incide sobre la misma idea.

Fátima Cobo Rodríguez

Conservadora del Museo de Pontevedra

Bibliografía:

Ignacio Malaxecheverría. Bestiario medieval. Madrid, 1986

Mª Dolores Alonso Rey. “El bestiario de Cristo en los autos Sacramentales de Calderón” en V.V.A.A.

El mundo maravilloso de los autos de Calderón. 2005

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