Bodegón de melocotones. La belleza de lo simple

Actualizado 24/06/2011 11:03

museo de pontevedra

Entre la magnífica colección de bodegones barrocos que custodia el Museo de Pontevedra, producto casi en su totalidad de la labor coleccionista de don José Fernández López, queremos destacar un lienzo que no había debido pasar desapercibido a pesar del pequeño de su tamaño y de lo simple de su composición. Tras su sencillez se oculta toda una lección sobre la génesis de la pintura de bodegón, pues el esquema compositivo que sigue fue de uso temprano. Este consistía en mostrar de forma sencilla, simétrica y verista, sobre una repisa, o hueco de ventana, uno o más elementos, nunca demasiados, siendo con frecuencia el motivo a resaltar un plato de frutas. De este tipo de cuadros hay constancia en Italia desde finales del siglo XVI, destacando la zona de Lombardía con las obras de artistas como Fede Galizia o Ambrogio Figino, artífices que mostraron un interés casi de manual científico en la representación detallada de las frutas, de los recipientes que las contenían y hasta de los insectos que posaban en ellas. Desde Italia fue que llegaron de forma abundante a las colecciones españolas influyendo de forma decisiva en nuestros artistas.

La obra que se conserva en el Museo de Pontevedra sigue claramente este esquema, resultando ejemplar para la ilustración de la pervivencia de estos modelos en España a lo largo del siglo XVII, momento en el que el género se consolida como tal en toda Europa. Así, sobre una repisa indefinida, se nos muestra, de forma austera y en el centro, un plato de melocotones. Estos, en número de nueve, aparecen dispuestos sobre un plato metálico, sobre el que la incidencia de la luz, que entra por el lado izquierdo, provoca ciertos reflejos. Tras las frutas se perciben, hoy con dificultad debido al oscurecimiento del lienzo, parte de las ramas del melocotonero, recurso que, junto con la representación de una mosca posada sobre uno de los frutos, aporta mayor naturalismo a la composición. Algunos autores han señalado en relación a la presencia de moscas y otros insectos sobre la fruta una posible lectura simbólica sobre la putrefacción y la fugacidad de la vida, lo que les conferiría un cierto carácter de Vanitas. No existe constancia documental de que esto había sido así, aunque en una sociedad tan influenciada por la moral cristiana y la literatura simbólica bien se podría llegar la este tipo de interpretaciones.

La luz tenebrista y el efecto de trompe l`oeil (técnica pictórica en la que se “engaña al ojo” mediante juegos de perspectiva), que se consigue con el plato que sobresale del borde de la repisa, son otros recursos habituales desde los orígenes del género, lo que potencia el efecto de tridimensionalidad y el acercamiento al espectador.

Aunque de autor desconocido y técnica algo más ruda, este bodegón hay que relacionarlo con otros similares de maestros de la pintura española del siglo XVII, de la talla de Francisco de Zurbarán, su hijo, Juan de Zurbarán, Pedro de Camprobín o Juan de van der Hamen, entre otros, que realizaron composiciones similares no siempre con el carácter de obras completas sino como modelos que después utilizaban en la elaboración de composiciones más complejas; en otros casos fueron producto del desmembramiento de estas obras mayores debido a los avatares del tiempo.



Paula Tilve Otero

Ayudante de Gabinete Didáctico

Diputación de Pontevedra Museo de Pontevedra