Una visita ilustre al Museo

Actualizado 22/11/2013 14:08

museo de pontevedra

Hace justamente 65 años se esperaba en Pontevedra la visita privada del duque de Alba, su hija Cayetana y su yerno Luis Martínez de Irujo. La correspondencia de Francisco Javier Sánchez Cantón con José Filgueira Valverde entre el 9 de noviembre y el 5 de diciembre de 1948 aporta numerosos datos de los preparativos del evento, tanto más curiosos por descubrir al entonces subdirector del Museo del Prado y al director del Museo de Pontevedra respectivamente, enfrascados en un sucesivo intercambio de los más mínimos detalles, desde las cuestiones de protocolo, a las más “superfluas” de elección del restaurante, el menú, la vajilla o los camareros que servirían el almuerzo. Todo ello como muestra de su implicación personal en las ocasiones en que el Museo se podía ver beneficiado, como expresa claramente Sánchez Cantón “… como creo que el viaje si en estos detallitos sale bien puede reportar algún beneficio a cosas más graves y hondas, desciendo a ellos”.

Carta de Sánchez Cantón a Filgueira Valverde comunicándole la visita

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PROGRAMA DE LA VISITA

Era el 9 de noviembre cuando Sánchez Cantón comunica a Filgueira el viaje por Galicia de su amigo el duque de Alba, Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó y sus hijos, aludiendo a su única heredera Cayetana, actual portadora del título, y a su marido desde hacía poco más de un año Luis Martínez de Irujo, hijo de los duques de Sotomayor. El calendario previsto establecía un fugaz paso por Pontevedra el 23 de noviembre tras unas breves estancias en Lugo, Coruña y Santiago. La intención de los visitantes era la de de ver las ruinas de Santo Domingo “…para sepulcros de Sotomayores – y el Museo…”, sugiriendo Cantón que aquí el recorrido se iniciase entrando por el edificio Castro Monteagudo, “…enseñar el oro…” y salir por el García Flórez, evitando pasar dos veces por las mismas salas. Tras ello, si aún disponían de tiempo y el clima lo permitiese, quizás sería posible acercarse a la Escuela Naval, donde un sobrino del duque, Felipe Falcó, estaba cursando estudios. Lo que sí habían manifestado los viajeros era su intención de ver el castillo de Sotomayor después del almuerzo, aconsejando Sánchez Cantón lo siguiente: “Convendrá…, discretamente, estés enterado de situación actual, posibilidades de venta, precio, mas, para no decir nada a nadie, ni a ellos sin ser preguntado”. La posible intención de compra del castillo por parte de algún miembro de la Casa de Sotomayor se insinúa en varias ocasiones, aunque de forma muy superficial.

Tras comunicar a Filgueira el programa de visitas, Sánchez Cantón hace una serie de recomendaciones muy precisas. La primera de ellas relativa a la discreción y actitud que se debe adoptar ante el encuentro: “… deberá eliminarse incluso al Patronato – desde lueguísimo, todo lo oficial o semioficial. Huir de lo exhaustivo en las visitas; cortas y concretas, a lo que más vale la pena y lo más típico…..no les abrumes con demasiada ciencia y demasiados temas… largar cuerda a medida de lo que pidan, y antes parquedad que exuberancia”.

EL MENÚ

En segundo lugar y aunque Sánchez Cantón estará en Madrid para la fecha, expresa su voluntad de convidarles al almuerzo, permitiendo al arquitecto Salustiano Fernández Cochón como único acompañante de Filgueira en la comida. Además elabora un menú y sugiere encargarlo en el Hotel Engracia con tres datos esenciales: “1º la hora: una y media, absolutamente precisa; 2º un comedor chico, que esté a temperatura agradable; 3º comida sencilla y poco copiosa: una sopa bien hecha, un plato de huevos con picadillo de jamón, por ejemplo, y acompañados por arroz blanco, bien seco y un plato de carne, por ejemplo, lomo de cerdo asado, acompañado con patatas, alguna verdura (guisantes, judías verdes, alcachofas) y ensalada de lechuga con tomate; unas cañas de frente al Casino, fruta – peras y manzanas – café, cognac y anís. Como semichiste y si las preparan “a la antigua” –sin pimentón, tomate ni cebollas – con pan rallado, aceite bueno y perejil, unas vieiras. Los huevos podrían cambiarse por rodaballo frito, acompañado de salsa tártara y pimientos de Herbón – que no habrá”. En una carta posterior concreta las bebidas “… vino blanco de Fefiñanes, muy frío y tinto, si hay uno embotellado “Río Miño” de Peares, o el de Borrajo de Ribadavia; cuidad que éste no esté frío. Nada de ostras ni almejas crudas”. Para terminar, ante las dudas de Filgueira por el té de la tarde, la respuesta es contundente y denota una vez más el conocimiento de los gustos y costumbres de los miembros de la Casa de Alba: “Él (el duque), su hermana y sospecho que su hija, odian de tal manera el té que ni como medicina casera lo admiten. A media tarde, y no después de las 6, si estáis con ellos, unas copas de Jerez y unas pastas es cuanto agradecerán”.

EL RESTAURANTE

Así como el programa y menú estaban claros desde el primer momento, la elección del lugar del almuerzo tuvo sus complicaciones. Aunque la oferta de hoteles y restaurantes en Pontevedra era amplia, ninguna de las opciones que fueron surgiendo reunía las condiciones óptimas que convenciesen plenamente a los anfitriones para el evento; El Engracia según palabras de Filgueira, “no tiene cubiertos de pescado, ni reservado o saloncillo habilitable para comer…”, el Carabela resultaba “insoportable” y “frío” y tampoco contaba con un apartado acogedor, si bien podía habilitarse un espacio acotándolo con una mampara, y el Casino resultaba “bastante absurdo”. Así pues Filgueira baraja nuevas opciones; el reservadillo de la Estación, el Calixto o incluso salir de la ciudad a O Grove, Cesures o Cambados, rechazada esta última totalmente para evitar alejarse de Pontevedra. Incluso llega a ofrecer su propia casa, aunque ambos interlocutores coinciden en que esta alternativa tampoco es la más oportuna. Finalmente parece encontrar la solución en el Hotel Progreso, situado en la calle del mismo nombre (actual Benito Corbal), “…con muebles de la casa de Cea… vajilla de Sargadelos, los dos mejores camareros de Pontevedra… Irigoyen de “maitre”… En cuanto al ajuar, llevaré de casa una mantelería de damasco de hilo… centro con flores bajas” y, lo más gracioso de todo, ensayo general la víspera en presencia de las hermanas de Sánchez Cantón. No obstante, deja la decisión final en manos de éste entre el Progreso, el Carabela y el Urquín.

AL FINAL NO PUDO SER

No sabemos cuál habría sido la propuesta elegida. La tan esperada visita se aplazó primero una semana, al día 30 de noviembre, y finalmente el 5 de diciembre Cantón anuncia la suspensión definitiva del viaje debido a lo inadecuado de la época del año para la convalecencia del duque, quien acababa de restablecerse de una gripe.

María Jesús Fortes Alén

Archivera del Museo

Diputación de Pontevedra Museo de Pontevedra