Francisco Javier Sánchez Cantón (1891-1971)

Historiador español, nacido en Pontevedra el 14 de julio de 1891, estudió el bachillerato en el instituto de su ciudad natal y, posteriormente, Filosofía y Letras en Madrid, obteniendo Premio Extraordinario de Licenciatura y el Rivadeneira de la Real Academia Española. En 1913 alcanzó el doctorado con la tesis Los pintores de cámara de los Reyes de España, dirigida por Elías Tormo, profesor que con Menédez Pidal, Cayo Ortega y Gómez Moreno fueron fundamentales en su formación. Al concluir sus estudios comienza a colaborar con el Centro de Estudios Históricos de Madrid y en los archivos del Palacio Real y del Museo del Prado. También, por esta época, ocupará en la Universidad madrileña la plaza de profesor auxiliar de Historia y la Cátedra de Literatura Galaico-Portuguesa, vacante tras el fallecimiento del también pontevedrés Víctor Said Armesto.

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En 1919 inicia la catalogación de los pintores del Instituto Valencia de Don Juan. Poco después ocupa la cátedra de Teoría de la Literatura y las Artes en la Universidad de Granada para, posteriormente, ocupar la de Historia General del Arte en la de Madrid, de la que fue Vicerrector desde 1958. En 1922 es nombrado Subdirector del Museo Nacional del Prado institución que, como sucesor del pintor ferrolano Fernando Álvarez de Sotomayor, dirige desde 1960 a 1968 etapa en la que realizará una importante labor de reorganización de las salas. Especialmente destacado es su trabajo en el Prado durante la Guerra Civil, ya que aunque en septiembre de 1936 el Gobierno de la República había nombrado a Pablo Ruiz Picasso como Director, el pintor no llega a tomar posesión del cargo siendo Sánchez Cantón el que actuará como Director en funciones, y como tal programa en los primeros días de la contienda las medidas de protección de las obras ante los previsibles bombardeos a la pinacoteca. Aunque totalmente contrario a aprobar la evacuación de las obras maestras del Museo, ya que consideraba mayor el riesgo para la integridad de las mismas un viaje en condiciones tan precarias que su permanencia en Madrid, finalmente será el responsable de la clasificación, protección y organización de los convoyes que en noviembre de 1936 evacúan desde el Madrid asediado hacia Valencia más de 2000 cuadros, la casi totalidad de la colección de tapices y gran cantidad de objetos artísticos. Al término de la contienda Sánchez Cantón tendrá también una responsabilidad directa y fundamental en el difícil regreso de todas las obras, en septiembre de 1939, ya iniciada la II Guerra Mundial, desde el Palacio de Naciones de Ginebra a donde habían sido trasladadas desde Valencia en los últimos días de la Guerra Civil.

Fue miembro de número de las academias Española (1949), de Bellas Artes (1925) y Director de la de la Historia (1956) dándose el caso excepcional de que entre 1966 y 1969 dirigió simultáneamente las dos últimas. Nombrado Doctor Honoris causa de la Universidad de Lund (Suecia) en 1960 presidió, además, la Junta de Iconografía Nacional y fue nombrado protector de la Fundación Lázaro Galdiano, Vicedirector del Instituto Diego Velázquez de Historia del Arte, Presidente de la Junta Técnica de Conservación y Restauración de Obras de Arte (1962), Inspector General de Museos (1963) y Vicepresidente del Consejo Nacional de Educación.

Autor de una copiosa bibliografía compuesta por más de ochocientos títulos en la que destaca, además de poemas e incluso alguna novela, fundamentalmente por su obra erudita que puede clasificarse en investigaciones literarias y bibliográficas, estudios histórico artísticos y biográficos (sobre todo referentes al Museo del Prado, Velázquez y Goya), como, Los retratos en el Museo del Prado (1919), Los tapices de la Casa del Rey (1919), en colaboración con Tormo, Fuentes literarias para la Historia del Arte Español (5 vols., 1923-43), Dibujos de antiguos maestros españoles (1933) y Los dibujos de Goya (2 vols., 1952) entre otros; así como monografías y artículos de tema gallego.

Viajero y trabajador incansable, aunque establecido profesionalmente en Madrid se mantuvo hasta el final de su vida en permanente contacto con Galicia y muy especialmente con Pontevedra, ciudad que en 1950 le concede la Medalla de Oro y cuya Diputación le declara hijo predilecto de la provincia, promoviendo publicaciones en gallego e investigando temas literarios, biográficos, artísticos e históricos. Prologó en gallego obras de Ramón Cabanillas y Agustín Portela Paz, y con Castelao, con quien mantuvo una íntima amistad, dirigió personalmente la cuidadísima edición del álbum Nós. Colaboró y fomentó también instituciones e iniciativas musicales como el curso internacional Música en Compostela y, especialmente, la Coral Polifónica de Pontevedra y en 1943, junto con otros miembros del extinguido Seminario de Estudos Galegos, entre otros Xesús Carro García, Cordero Carrete, Otero Pedrayo, Bouza Brey y Xosé Filgueira Valverde, crea el Instituto de Estudios Gallegos Padre Sarmiento, en el que además de dirigir la primera junta de la entidad se encargará de la dirección de la Sección de Bibliografía y Publicación. Fue también el primer presidente y orientador de la Sociedad de los Bibliófilos Gallegos e iniciador de la Fundación Pastor de Estudios Clásicos.

En 1927, junto con Daniel de la Sota, Casto Sampedro Folgar, Castelao, Losada Diéguez, José Millán, López de la Ballina, Raimundo Riestra y Filgueira Valverde, fue uno de los patronos fundadores del Museo de Pontevedra y una de las personas que más contribuyó a su desarrollo posterior. Su participación será trascendental ya que junto con Castelao fue uno de los ideólogos del proyecto sentando las bases de las colecciones e incluso de la restauración de elementos arquitectónicos del edifico Castro Monteagudo, primero con el que contó el Museo de Pontevedra. Nombrado Director Honorario en 1940, también será fundamental el apoyo que brindó al Museo utilizando sus contactos desde todos sus cargos en distintas instituciones, e incluso tras su fallecimiento, que tuvo lugar en Pontevedra en 1971, al realizar un importante legado testamentario en el que destaca especialmente su archivo personal y su biblioteca, ya que por su naturaleza tienen un valor incalculable.

El archivo personal, sobre el que pesaba una disposición en el testamento redactado en 1963 que hizo que estuviese precintado hasta hace muy poco tiempo, abarca todas las facetas personales y profesionales de Sánchez Cantón. Son numerosísimos los originales de trabajos propios sobre Velázquez, Goya y otros temas de Historia del Arte. Por otra parte la correspondencia es un riquísimo material para conocer aspectos de su vida, de sus relaciones y su trabajo cotidiano, así como su implicación en proyectos culturales de diversa índole. Además de un riquísimo archivo gráfico, cuenta también con una importante colección de materiales recopilados sobre otros autores entre los que destacamos las cartas autógrafas de Fray Martín Sarmiento a Doña Constanza de Lemos y Valcárcel, donadas ya en vida, o el lote de 19 cartas de Manuel Murguía a Carlos Ramón Fort, director da Real Academia de la Historia, a finales del siglo XIX.

Otra mención especial se merece su magnífica biblioteca formada por 15.000 volúmenes. Se trata de una biblioteca especializada en arte, adquirida a lo largo de los años para ejercer su labor profesional, que cuenta con ejemplares únicos, como un Diccionario de Lebrija editado en 1550, y que constituye una excepcional fuente de información especialmente en el apartado correspondiente a la bibliografía de Goya.

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